top of page

Viernes Santo

Viernes Santo en la cruz.png

Isaías 52,13–53,12; Hebreos 4,14-16; 5,7-9; Juan 18,1–19,42

Hoy la Iglesia entra en silencio.

No hay canto de gloria.
No hay consagración.
No hay palabras innecesarias.

Solo hay… Cruz.

Hoy es el Viernes Santo.
El día en que el Amor abrazó todo el dolor del mundo.

El profeta Isaías lo había anunciado siglos antes:
“Él soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores”.

Jesús no vino a huir del sufrimiento.
No vino a evitar la cruz.

Vino a cargarla.
Vino a entrar en lo más oscuro de nuestra historia…
para llenarlo de amor.

Su Pasión no fue un accidente.
No fue una derrota.

Fue una decisión.
Una entrega libre… consciente… total.

La carta a los Hebreos nos lo dice con una fuerza impresionante:
tenemos un Dios que no es lejano.

Tenemos un Dios que sabe lo que es llorar,
lo que es temblar,
lo que es sentirse solo.

Jesús conoce el dolor… porque lo vivió.

Por eso hoy podemos acercarnos a Él sin miedo.
Porque Él entiende lo que llevamos dentro.

En la Pasión que hemos escuchado desfilan muchos rostros.

Y no son personajes lejanos.
Son espejos.

Está Pedro…
el que ama, pero tiene miedo.
El que promete, pero luego niega.

“Yo no lo conozco”.

¿Cuántas veces nosotros también, por miedo, por vergüenza,
por no complicarnos la vida…
hacemos lo mismo?

Está Pilato…
el que sabe la verdad, pero no se compromete.
El que ve la injusticia… pero se lava las manos.

¿Cuántas veces elegimos la comodidad…
en lugar de hacer lo correcto?

Y están también los otros rostros.

María… que permanece.
Juan… que no huye.
José de Arimatea… que da la cara cuando otros se esconden.

Ellos nos enseñan que el amor verdadero
no desaparece cuando llega el dolor.

El amor verdadero… se queda.

Hoy, cuando adoramos la Cruz,
no adoramos el sufrimiento.

Adoramos el amor.

La Cruz no es derrota.
La Cruz es trono.

Desde ahí, Cristo no pierde…
desde ahí, Cristo ama.

Y ama hasta el extremo.

Por eso, cuando nos acerquemos a besar la Cruz,
no besamos un pedazo de madera.

Besamos el amor de Dios por nosotros.
Besamos nuestra esperanza.

Queridos hermanos,

hoy no es día para mirar la Cruz de lejos.

Hoy es día para dejarnos mirar por Jesús.

Desde la Cruz, Él nos ve.
Nos conoce.
Nos ama… tal como somos.

Dejemos que su mirada haga algo en nosotros:

que transforme nuestros miedos en valentía,
nuestras tibiezas en decisión,
nuestras negaciones en un nuevo comienzo.

Que este día no pase como uno más.

Acerquémonos a la Cruz con verdad.
Con nuestras heridas.
Con nuestras luchas.

Porque de ese costado abierto
brotó vida.

Hoy nos postramos…
en silencio…
en adoración…
y en amor.

Y desde lo profundo del corazón le decimos:

Señor Jesús,
gracias por amarme hasta el extremo.
No permitas que te niegue.
No permitas que me quede tibio.
Enséñame a amar… como Tú.

Amén.

MISIONEROS

DEL VERBO DIVINO

REGIÓN CENTROAMERICANA

Casa Central:
Alcalde Díaz, Ciudad de Panamá, Panamá
Apartado postal 0850-562

Tel.: (507)  268 0542

  • Facebook
  • Instagram
  • YouTube
  • Spotify

© 2026 SVD CAM | Misioneros del Verbo Divino - Región Centroamericana 

bottom of page