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Un joven médico recién graduado llegó a trabajar a una comunidad rural muy pobre. Venía con sueños grandes y ganas de cambiar el mundo. Pero la realidad lo golpeó pronto. Pocos recursos, muchos enfermos, caminos difíciles y noches largas.

A los seis meses, sus amigos le ofrecieron un puesto en una clínica privada. Más dinero. Más comodidad. Sus padres le decían que era lo sensato. Que ya había dado suficiente.


Una noche, mientras atendía a una niña enferma en una casa sin luz, la mamá le tomó la mano y le dijo:

"Doctor, usted es lo único que tenemos."

Ese joven no se fue. Se quedó cinco años más. Y cuando alguien le preguntaba por qué, respondía con sencillez:

"Porque la vida más plena no es la más cómoda. Es la más entregada."

Esa frase contiene todo el Evangelio de hoy.

 

Jeremías conocía ese dilema desde muy adentro.

Le reclama a Dios con una honestidad que pocas veces nos atrevemos a imitar: "Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir."Había recibido una misión que nadie quería. Anunciar verdades incómodas a un pueblo que no quería escucharlas. Lo rechazaban. Se burlaban de él. Y a veces pensaba en callarse. En buscar una vida más tranquila.


Pero entonces confiesa algo que es uno de los momentos más honestos de toda la Biblia:

"Hay en mi corazón como un fuego ardiente encerrado en mis huesos. Me esfuerzo por contenerlo y no puedo."


No podía callarse. No por valentía natural. Sino porque había algo dentro más fuerte que el miedo. Más fuerte que el deseo de comodidad.

La llamada de Dios, cuando es verdadera, no se apaga. Arde. Insiste. Vuelve. Hasta que uno la obedece.

 

Jesús llega en el Evangelio con palabras que incomodan precisamente porque son verdaderas:

"El que quiera salvar su vida la perderá. Pero el que pierda su vida por mí la encontrará."

Pedro acaba de recibir las llaves del Reino. Y de repente Jesús anuncia que va a sufrir, que va a morir. Que el camino pasa por la cruz.


Pedro lo lleva aparte y le dice con buena intención: "¡Dios te libre, Señor! ¡Eso no puede pasarte!"

Es la voz del sentido común. Del que quiere ahorrarle el dolor a quien ama. La voz que todos tenemos cuando la vida nos pide algo que duele.


Y Jesús le responde con una firmeza que nos sacude:

"No piensas como Dios sino como los hombres."

Pensar como los hombres es buscar la comodidad, evitar el sufrimiento, elegir siempre el camino más fácil. Pensar como Dios es ver más allá. Es descubrir que la vida más plena no es la más protegida sino la más entregada.


La cruz no es el fracaso del plan de Dios. Es el corazón del plan de Dios.

 

San Pablo lo confirma con una invitación que es todo un programa de vida:

"No se amolden a este mundo. Transfórmense por la renovación de su mente."


No dejen que el mundo les diga qué vale y qué no vale. No dejen que la cultura del confort les robe la profundidad y la capacidad de entrega.

El mundo ofrece comodidad a cambio de vaciedad. Dios ofrece plenitud a cambio de entrega. Y esas dos ofertas no se pueden confundir.

 

Hermanos, salgamos hoy con una sola pregunta honesta y necesaria:

¿Estoy viviendo para salvar mi comodidad o para encontrar mi vida de verdad?


No hay que responderla de golpe. Hay que llevarla esta semana. Dejarla reposar en silencio. Dejar que haga su trabajo por dentro.

Porque cuando uno vive la respuesta desde la fe, algo cambia para siempre.

La vida más plena no es la más cómoda.

Es la más entregada.

Amén.

 

 
 
 

En un pueblo pequeño vivía un maestro de escuela que llevaba más de treinta años enseñando. Un día, al final del año escolar, uno de sus alumnos le preguntó algo que lo dejó pensando toda la tarde:


"Maestro, ¿quién es usted para mí?"


El maestro no entendió al principio. El niño explicó:


"Mi papá dice que usted es solo un funcionario del gobierno. Mi abuela dice que es el hombre más sabio del pueblo. Mis amigos dicen que es el más estricto de la escuela. Pero yo quiero saber quién es usted para mí."


El maestro se quedó en silencio largo rato. Porque nadie le había hecho esa pregunta antes. Todos le decían lo que otros pensaban de él. Pero ese niño quería saber lo que él significaba para él personalmente.


Esa pregunta sencilla de un niño es exactamente la que Jesús le hace hoy a sus discípulos. Y nos la hace a nosotros.


Jesús está en Cesarea de Filipo y les hace una pregunta que parece sencilla, pero tiene una profundidad enorme:


"¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"


Los discípulos responden con facilidad. Unos dicen que Juan el Bautista. Otros que Elías. Otros que Jeremías. Respuestas que reflejan lo que se comenta, lo que circula por ahí, lo que la gente opina desde lejos.


Pero entonces Jesús hace la pregunta que importa de verdad:


"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?"


Silencio. Nadie se atreve. Hasta que Pedro responde sin calcular:


"Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo."


Y Jesús le responde con algo que nos debería sorprender: "Dichoso tú, Simón. Porque eso no te lo reveló nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo."


Pedro no llegó a esa respuesta por inteligencia. No la leyó en ningún libro. La recibió. Fue un don. Una revelación que Dios puso en su corazón porque Pedro tuvo la disposición de recibirla.


Isaías nos ayuda a entender lo que ocurre después. Dios le entrega a Eliaquim una llave que abre y nadie cierra, que cierra y nadie abre. Es la imagen del que recibe una misión que va más allá de sus propias fuerzas.


Eso es lo que le pasa a Pedro. Jesús le dice: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia." Y le entrega las llaves del Reino.


Pedro, que pocas páginas después va a negar a Jesús tres veces. Pedro, que se hundió en el lago por falta de fe. El impulsivo, el contradictorio, el que unas veces entendía todo y otras no entendía nada.


A ese Pedro le entrega Jesús las llaves.


¿Por qué? Porque Jesús no elige a los perfectos para sus misiones. Elige a los disponibles. A los que, a pesar de sus caídas, siguen diciendo que sí.


Eso nos debería consolar enormemente.


San Pablo lo contempla todo y no puede hacer otra cosa que asombrarse:


"¡Qué abismo tan profundo el de la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables sus juicios y qué inescrutables sus caminos!"


Hay cosas de Dios que no se explican. Que solo se reciben con asombro y gratitud. Como el hecho de que Dios confíe en Pedro. Como el hecho de que confíe en nosotros.


Hermanos, hoy Jesús nos hace la misma pregunta que le hizo a Pedro. No nos pregunta lo que dice la gente. No nos pregunta lo que aprendimos en el catecismo. Nos pregunta lo que decimos nosotros desde adentro, desde lo más honesto de nuestra vida:


"Y tú, ¿quién dices que soy yo?"


Como ese niño que no quería saber lo que decían los demás. Quería saber lo que el maestro significaba para él personalmente.


Llévense esa pregunta esta semana. Siéntense con ella en silencio. Dejen que el Padre, que se la reveló a Pedro, se la revele también a ustedes.


Porque cuando uno sabe de verdad quién es Jesús, ya no necesita preguntarle a nadie más.


Amén.

 
 
 

La Tigra, Ciudad Quesada, Costa Rica | 16 de julio de 2026


En un ambiente de profunda fe y alegría, la comunidad parroquial de Nuestra Señora del Carmen, en La Tigra, Ciudad Quesada, celebró solemnemente su fiesta patronal con la Santa Eucaristía presidida por Mons. José Manuel Garita Herrera, obispo de la Diócesis de Ciudad Quesada.


La celebración, realizada a las 10:00 de la mañana, contó con la participación de once sacerdotes, un diácono y numerosos fieles que se congregaron para honrar a la Santísima Virgen del Carmen y acompañar un momento significativo en la vida pastoral de la parroquia: la toma de posesión del nuevo párroco, el P. Yohanes Fajar, SVD.


Durante el rito, se dio lectura al nombramiento oficial que acredita al P. Yohanes Fajar, SVD, como párroco de la comunidad. Posteriormente, realizó la Profesión de Fe y el Juramento de Fidelidad, comprometiéndose a ejercer con entrega y responsabilidad el ministerio pastoral que la Iglesia le confía. La atención pastoral de la parroquia queda a cargo del P. Yohanes Fajar, SVD, como párroco, acompañado por el P. Lorenzo Davio, SVD, como vicario parroquial. Ambos pertenecen a la Congregación del Verbo Divino (Misioneros Verbitas).


En su homilía, Mons. José Manuel Garita destacó el ejemplo de la Virgen del Carmen como modelo de fe y discípula de Cristo, invitando a toda la comunidad a vivir una auténtica vida cristiana. Expresó que «la Virgen del Carmen nos llama hoy a caminar juntos como una familia. Ella nos recuerda que la verdadera devoción siempre conduce a una vida más santa. Nos invita a escuchar la Palabra, celebrar la Eucaristía, servir con alegría, construir la paz y anunciar el Evangelio con el testimonio de nuestras obras. Ella sigue señalándonos a su Hijo y repitiendo aquellas palabras pronunciadas en Caná: “Hagan todo lo que Él les diga”».


Dirigiéndose al nuevo párroco, el Obispo recordó que su misión será prolongar la obra de Cristo en medio del pueblo de Dios mediante las tres dimensiones fundamentales del ministerio sacerdotal: enseñar la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia, santificar al pueblo por medio de los sacramentos y pastorear a la comunidad con las actitudes del Buen Pastor.


La participación activa y fervorosa de los fieles reflejó el espíritu de comunión que caracteriza a esta comunidad parroquial, que inicia una nueva etapa pastoral confiando en la protección de Nuestra Señora del Carmen y renovando su compromiso de caminar unidos en la fe, la esperanza y la caridad.


Comunicación CAM




 
 
 

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