Domingo de Pascua

Hechos 10, 34a. 37-43; Colosenses 3, 1-4; Juan 20, 1-9
¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!
Esta es la gran noticia.
La noticia que cambia todo.
La noticia que llena hoy el cielo… y la tierra.
El Domingo de Pascua no es un día más.
Es el día.
El día que da sentido a todos los días.
Porque si Cristo no hubiera resucitado…
todo terminaría en la cruz.
Pero no terminó ahí.
El amor venció.
La vida venció.
Dios venció.
Y esa victoria no es algo lejano.
No es solo historia.
Es para ti.
Es para mí.
Es para hoy.
En la primera lectura hemos escuchado a Pedro.
Un Pedro distinto.
Ya no es el que negó.
Ya no es el que tuvo miedo.
Ahora es un hombre que se pone de pie…
y anuncia con fuerza:
Jesús vive.
Y no habla de teorías.
Habla de algo que ha vivido.
Ha visto al Resucitado.
Su vida cambió.
Hermanos, eso es ser cristiano:
no repetir cosas…
sino hablar de un encuentro.
Un encuentro con Cristo vivo.
Y esa es nuestra misión:
no callar la Pascua.
No vivir como si nada hubiera pasado.
Porque el que ha encontrado al Resucitado…
no puede seguir igual.
San Pablo nos lo ha dicho claramente:
“Si han resucitado con Cristo…
busquen las cosas de arriba”.
Es decir:
no vivan arrastrándose.
no vivan atrapados en lo de siempre.
no vivan como si la vida fuera solo problemas, miedos y preocupaciones.
Ustedes han sido levantados.
Vivir como resucitados…
ese es el desafío.
¿Y qué significa eso?
Significa vivir con esperanza… incluso cuando cuesta.
Significa perdonar… aunque duela.
Significa elegir el bien… cuando sería más fácil lo contrario.
Significa ser luz… en medio de tanta oscuridad.
El Evangelio nos lleva al sepulcro.
Todavía es de madrugada.
Todavía hay oscuridad.
María Magdalena llega…
y encuentra la tumba abierta.
Corre.
Busca.
Se mueve.
Pedro y el otro discípulo también corren.
Y al entrar… ven.
Y el Evangelio dice algo sencillo… pero profundo:
“Vio… y creyó”.
Eso es Pascua.
Ver…
y creer.
Creer que la muerte no tiene la última palabra.
Creer que el mal no vence.
Creer que Dios sigue actuando… incluso cuando no lo entendemos todo.
Hoy también nosotros estamos invitados a eso:
a ver…
y a creer.
A descubrir que Cristo vive.
Que camina contigo.
Que no te ha abandonado.
Aunque haya problemas…
aunque haya heridas…
aunque haya momentos de oscuridad…
Cristo está vivo.
Y eso cambia todo.
Hermanos,
la Pascua no termina hoy.
La Pascua comienza hoy.
Se vive cada día.
Cada vez que eliges amar…
cada vez que decides perdonar…
cada vez que no te rindes…
cada vez que vuelves a empezar…
ahí estás viviendo como resucitado.
Por eso, no salgamos iguales de esta celebración.
Salgamos con una certeza en el corazón:
Cristo vive.
Y si Cristo vive…
hay esperanza.
Para tu vida.
Para tu familia.
Para este mundo.
