top of page

Miércoles Santo

Pacto en Miércoles Santo.png

Isaías 50, 4-9a / Mateo 26, 14-25

En este Miércoles Santo, la Palabra de Dios nos pone frente a una escena que estremece el alma.

Jesús está sentado a la mesa con los suyos.
Es un momento íntimo… sagrado… de confianza.
Y, sin embargo, en medio de esa cercanía, Jesús suelta una verdad que rompe el silencio:
“Uno de ustedes me va a traicionar.”

Y entonces ocurre algo muy profundo.

Nadie señala con el dedo.
Nadie dice: “yo no fui”.

Al contrario… uno por uno comienzan a preguntar:
“¿Acaso soy yo, Señor?”

Esa pregunta atraviesa los siglos… y llega hoy hasta nosotros.

Porque sería muy fácil mirar a Judas y decir:
“¡Qué terrible lo que hizo!”

Pero el Evangelio no está para juzgar a Judas…
está para iluminar nuestro corazón.

Y hoy la Palabra nos invita a hacer silencio… y a atrevernos a preguntarnos de verdad:
“Señor… ¿acaso soy yo?”

Porque la traición no siempre es escandalosa.
A veces es silenciosa… cotidiana… casi imperceptible.

Traicionamos a Jesús cuando sabemos lo que está bien… y elegimos lo fácil.


Cuando vemos el dolor del otro… y pasamos de largo.
Cuando nuestra fe se queda en palabras… pero no toca la vida.

Traicionamos a Jesús cuando nos volvemos indiferentes.
Cuando dejamos de amar.
Cuando dejamos de luchar por lo que es justo.

Y esto no es para condenarnos… es para despertarnos.

Porque el mayor peligro no es caer…
el mayor peligro es dejar de darnos cuenta.

Hoy, en nuestro mundo, la traición al Evangelio toma muchos rostros:

cuando el pobre es ignorado,
cuando el migrante es rechazado,
cuando el anciano es olvidado,
cuando el joven pierde la esperanza y nadie lo escucha.

Y también cuando en nuestras propias casas…
hay silencio donde debería haber diálogo,
hay distancia donde debería haber amor.

Y entonces la pregunta vuelve:
“¿Acaso soy yo, Señor?”

Pero hay algo hermoso en este Evangelio.

Jesús no acusa… no humilla… no expone públicamente.

Jesús sigue amando.

Incluso sabiendo lo que va a pasar…
se queda en la mesa… comparte el pan…
ofrece su corazón.

Así es Dios con nosotros.

Nos conoce… sabe nuestras luces y nuestras sombras…
y aun así no se cansa de nosotros.

La primera lectura lo decía con fuerza:
el Siervo de Dios confía… no se rinde… no retrocede.

Porque sabe que Dios está con él.

Hermanos, este Miércoles Santo es un día para la verdad…
pero también para la esperanza.

Sí, podemos fallar.
Sí, podemos traicionar en lo pequeño.

Pero no estamos perdidos.

Porque Dios no se cansa de levantarnos.

Como a Pedro… nos mira con misericordia.
Como a cada uno de nosotros… nos vuelve a llamar.

Por eso, no tengamos miedo de hacernos hoy esta pregunta:
“¿Acaso soy yo, Señor?”

Pero hagámosla con humildad… no para hundirnos…
sino para abrir el corazón.

Para pedir perdón.
Para volver a empezar.
Para decidir, una vez más, estar del lado de Jesús.

Mañana inicia el Triduo Pascual.

Y la gran pregunta es:
¿Dónde quiero estar?

¿Lejos… como Judas?
¿O cerca… como un discípulo que, aun siendo frágil, elige amar?

 

Pidámosle al Señor un corazón sincero, humilde y valiente.
Un corazón que no huya de la verdad…
pero que tampoco dude de su misericordia.

Que esta Pascua no pase de largo en nuestra vida.
Que sea un verdadero paso…
de la indiferencia al amor,
del egoísmo a la entrega,
de la oscuridad a la luz.

Y que podamos permanecer con Él…
no porque somos perfectos…
sino porque, a pesar de todo, queremos amar hasta el final.

Amén.

MISIONEROS

DEL VERBO DIVINO

REGIÓN CENTROAMERICANA

Casa Central:
Alcalde Díaz, Ciudad de Panamá, Panamá
Apartado postal 0850-562

Tel.: (507)  268 0542

  • Facebook
  • Instagram
  • YouTube
  • Spotify

© 2026 SVD CAM | Misioneros del Verbo Divino - Región Centroamericana 

bottom of page