
P. Marcelo Oliveira, SVD
XXVII Domingo del Tiempo Ordinario
04 de octubre de 2026

“LES SERÁ QUITADO A USTEDES EL REINO DE DIOS Y SE LE DARÁ A UN PUEBLO QUE PRODUZCA FRUTOS”
Entramos en la vigésima séptima semana ordinaria celebrando el primero domingo del mes de las misiones y el mensaje de Jesús que nuevamente confronta los líderes judíos, sumos sacerdotes y fariseos es para que seamos verdaderos trabajadores de la viña del Señor dignos generadores de los frutos del Reino basados en la justicia y la paz.
Nuestra espiritualidad centrada en los misterios de la vida e historia de Cristo debe conducir a una vida más allá de la espera confiada a la gracia de Dios, pero también hacer que nos comprometamos con la misión de discípulos de Jesús trabajadores de la viña donde se produzca los frutos del amor, de la fraternidad y del respeto.
La gracia divina se necesita ser alcanzada también por nuestro propio esfuerzo en un discipulado sinodal donde la verdad revelada por Jesús sea una realidad plenamente comprendida por todos.
En la parábola presentada Jesús confronta los líderes religiosos que en verdad no tenían una práctica fiel a los mandamientos de Dios debido a meras interpretaciones humanas originarias de los antiguos y no consideraban lo que Jesús transmitía.
Encontramos en esta parábola un resumen de todo lo que vivieron los profetas, que iría vivir Jesús, los apóstoles y todos los discípulos fieles a las enseñanzas del evangelio que lleva todos a una vida de libertad y esperanza.
El propietario es Dios, la viña es su reino, toda la preparación dejada en la viña por el propietario indica la religión, los viñateros son los jefes judíos que controlaban la fe del pueblo, los empleados y el heredero enviados por el propietario son los profetas, los discípulos y el propio Jesús que sufrieron en las manos de los que dominaban el pueblo por la manipulación de la fe.
La piedra angular desechada por los judíos representa la revelación de Dios la humanidad primeramente anunciada en la misión de los profetas, concretizada en la encarnación de Cristo la cual fundamentó el trabajo de los discípulos.
Con la revelación de Cristo que enseña para el mundo la piedra angular núcleo único y verdadero del Reino, los discípulos que hicieron y hacen la experiencia de la vida con Jesús forman el nuevo pueblo que refleja la luz de Dios, esos se pondrán en el lugar de los falsos líderes que no entendían los valores de la fe y no producían los frutos del amor y de la fidelidad a Dios.
Que seamos nosotros ese nuevo pueblo que Dios ofrece su reino y que produzcamos por la verdad de la Palabra de liberación los frutos de la caminada misionera comprometida con Jesús.
En la primera lectura tenemos la denuncia del profeta Isaías (5, 1-7) haciendo referencia de la viña a Israel que mismo recibiendo la atención de Dios produjo frutos de maldad como la injusticia. El Salmo (79) nos anima a vivir la esperanza ciertos de que es Dios quien gobierna y sostiene nuestra existencia.
En la segunda lectura San Pablo a los Filipenses (4, 6-9) destaca que la paz que deseamos es construida de la práctica de la verdad de lo que es justo y honorable que resulta en comunión y frutos concretos según el plan de Dios.
Que esta eucaristía nos ayude a celebrar el mes misionero con un profundo deseo de hacer de nuestro camino una misión donde se genere los frutos de la viña del Señor como discípulos fieles y creativos.
