
XXV Domingo del Tiempo Ordinario
20 de septiembre de 2026

Mateo 20,1-16
“ID TAMBIÉN VOS PARA MI VIÑA Y YO LES PAGARÉ LO QUE ES JUSTO
La justicia es uno de los principales elementos de la formación del Reino de Dios, exactamente por ser comprendido como el factor más importante para la generación de la dignidad humana. Un gran problema para la humanidad es que muchas personas buscan interpretar la vida y las enseñanzas de Cristo según los criterios del mundo y no con el interés de acoger los valores divinos promotores de paz y esperanza.
La liturgia de la palabra de este vigésimo quinto domingo ordinario, nos invita a reflexionar sobre lo que buscamos y construimos en nuestra historia, teniendo claro que el amor y la misericordia de Dios reveladas en Cristo transcienden la lógica del mundo.
Encontramos muchas divisiones injustas en las relaciones laborales algunos reciben un salario totalmente incompatible con sus necesidades de sustento, otros reciben el básico pero todavía insuficiente para realizar sueños y otros sí reciben un bueno salario que posibilita tener una vida de confort y tranquilidad. Es esa relación injusta entre los hombres que impide la formación del reino de Dios junto a nosotros.
La parábola presentada en el evangelio de este domingo conduce a nosotros, entender que si por la fe somos discípulos del Señor consecuentemente necesitamos ser trabajadores de la viña que es el reino y como trabajadores de la viña somos promotores de la verdad que es la justicia de Dios.
El propietario de una viña en diferentes horarios del día contrata trabajadores con la promesa de un pago justo para cada uno de ellos, eran personas que estaban sin trabajo lo que indica una exclusión social como los últimos de la sociedad.
Al final del día mismo, con la diferencia de tiempo de trabajo todos recibieron lo mismo porque el dueño de la viña no miró los méritos personales pero sí la necesidad de cada uno de tener su dignidad. Una sociedad digna, libre y plena donde reine la justicia y la paz es la base del reino de Dios.
En la primera lectura el profeta Isaias (55, 6-9) hace un llamado a la conversión uniendo nuestro pensamiento al pensamiento del Señor, el profeta destaca el riesgo de tener pensamientos y conceptos de fe que en verdad no son referentes a Dios y a su reino. En el salmo (144) el salmista expresa una linda oración de alabanza resaltando la grandeza de Dios formada por su amor, paciencia y compasión por todos nosotros.
En la segunda lectura el apóstol Pablo en la carta a los Filipenses exhorta a los cristianos a una vida en lo que en verdad importa que es estar siempre a la altura del evangelio.
Así con el pensamiento unido a Dios en sintonía con las enseñanzas de Cristo, confiados a la misericordia y paciencia del Señor busquemos elevar nuestra vida al nivel del santo evangelio y deseamos lo que es justo según el plan y la voluntad de Dios.
Tengamos la conciencia de que a los ojos del Señor somos todos iguales, así que sepamos vivir el sentido de esa igualdad para que todos contemplen y vivan la justicia del amor de Dios que forma el reino infinito de la esperanza y la paz.
