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P. Marcelo Oliveira, SVD

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario - Dia Mundial de las Misiones

18 de octubre de 2026

Mateo 22, 15-21


“DAD PUES A CÉSAR LO QUE ES DE CÉSAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS”


Al llegar en el tercer domingo de octubre la Iglesia nos invita a celebrar el día mundial de las misiones ofreciendo a Dios el trabajo universal de todos los miembros de la Iglesia que buscan forman para toda la humanidad el camino de justicia y la paz relevado al mundo por el amor de Jesucristo. 


Es un momento propicio para reflexionar si en verdad tenemos una vida de verdaderos discípulos de Jesús y si nuestra fe nos lleva a una identificación con el trabajo misionero de todos aquellos que hacen de su vida un testimonio al Señor por el servicio de la promoción del reino por el anuncio del santo evangelio. 


En esta celebración que también sigue el calendario litúrgico ordinario entramos en la vigésima novena semana con una invitación para vivir la fidelidad a Dios reconociendo su poder sobre toda la existencia y nuestra dependencia de su gracia y misericordia. 


Este mensaje está situado en un momento en que Jesús se ve en una condición en que muchas personas estaban confundidas sobre la fe y también presionadas con las tensiones causadas por los fariseos y miembros del partido de Herodes.


En el tiempo de Jesús había una postura entre los judíos tradicionales que asociaba los representantes de los poderes políticos como una figura divina; los emperadores, reyes y otros jefes del pueblo eran entendidos como personas de naturaleza religiosa y por ese aspecto muchos les servían. 


El propósito de los líderes farisaicos al enviar sus seguidores y partidarios del grupo de Herodes para cuestionar a Jesús sobre el pagamiento de impuestos a César era que dependiendo de su repuesta poder condenarlo por crímenes  contra la “orden” política o contra la religión. 


Con la respuesta de Jesús: “Dad pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”, la acción de Jesús demuestra su apertura delante la realidad social y política del pueblo, lo que es del mundo, del hombre, lo que es meramente humano debe quedar junto a lo que corresponde a esa condición. 


Ya la verdad existencial de todo lo creado, el amor, la comunión, la fraternidad, la esperanza, la justicia y la paz esos valores divinos que dignifican a todo pueblo debe ser ofrecidos y entregues solamente a Dios.


En la primera lectura el profeta Isaías (Is. 45, 1.4-6) destaca el rey Ciro como el ungido de Dios el cual fue tomado de la mano por el Señor para doblar el orgullo de los otros reyes en una clara representación de que el verdadero poder viene de Dios, y ese poder divino debe ser la fuente de nuestra esperanza; que sepamos reconocer en el amor de Dios la fuerza que domina a todos los pueblos. 


Así como nos ayuda a rezar y mirar un horizonte de alegría y realización el salmo (95) al decir: “canta al Señor Dios oh tierra entera y manifiesta su gloria por todas las naciones”, el salmista nos invita a una vida de inspiración en la fe cantando al Señor las maravillas que todos los pueblos y naciones puedan contemplar por el entendimiento de la gracia del Señor. 


En la segunda lectura el apóstol Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses (1,1-5) eleva su oración de acción de gracias al Señor Dios por el trabajo misionero de los cristianos que allí viven destacando la fe, el esfuerzo, la caridad y la firme esperanza de una caminada unida a Jesús lo que resulta por la fuerza del Espíritu Santo que el evangelio alcance a los demás sedientos de la verdad de Dios.


Que en la eucaristía de ese vigésimo noveno domingo ordinario que también se une al día mundial de las misiones podamos ofrecer a Dios lo que en verdad pertenece a él, que es una vida llena de los valores que forman la fraternidad de discípulos por la fe. 


Que nuestro servicio sea entregue al altar del Señor motivados por la esperanza de una humanidad donde reine la paz y el amor y que la justicia anunciada y practicada por Cristo sea luz para todas las naciones y que todos los que forman la Iglesia ofrezcan su vida como misión para Dios.

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