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P. Marcelo Oliveira, SVD

Mes de las Misiones

01 de octubre de 2026

La luz de Cristo debe brillar, reflexión para el mes de las misiones.


Llegamos al mes dedicado a las misiones, podemos recordar el mandato misionero de Jesús a los discípulos que dice: “Id por todo el mundo y anuncien el evangelio a toda creatura” (Mc. 16, 15). Creemos en Cristo como la revelación de Dios el Verbo Divino encarnado en la realidad del mundo, por esta fe vivimos la esperanza de estar siempre renovados por el amor y la misericordia divina. 


San Arnold Janssen en una de sus frases más célebres nos motiva a la vida misionera con la enseñanza de que “el anuncio del evangelio es la más linda expresión de amor al prójimo”, en el santo evangelio está relatado la vida y la historia de Cristo lo que nos hace conocer su misión y así saber que él es: la luz del mundo (Jo. 8, 12). 


Por esta verdad, nosotros como discípulos y misioneros en un mundo herido tenemos el deber de hacer que la luz de Cristo brille en el corazón de todas las personas.


En el día deciocho de octubre estamos invitados a celebrar la jornada mundial de las misiones inspirados con el lema: “unidos en Cristo, unidos en la misión”, la espiritualidad cristiana por más que considere la importancia de la vida contemplativa tiene como esencia el compromiso de servir en la promoción del Reino de Dios, así nuestra unidad en la contemplación de los misterios del amor de Cristo también debe fortalecer nuestra unidad misionera como discípulos del Señor. 


De manera todavía más especial en ese año se celebra el centenario de la institución en 1926 de la jornada mundial de las misiones por el papa Pío XI y el objetivo principal propuesto por el papa León XIV es: orar por los misioneros del mundo, fomentar la cooperación económica y espiritual, y renovar el compromiso evangelizador de los bautizados. Somos bautizados en nombre de la Santísima Trinidad a través del agua elemento que es fuente de vida física y espiritual, así nos unimos al sentido de la plenitud existencial que es el Dios Uno y Trino y por esta unidad somos llamados a la misión evangelizadora en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 


Jesús dio inicio a su vida pública como revelado de Dios a partir de su bautismo en el Jordán realizado por el profeta Juan Bautista(Mt. 3, 13-17) y nosotros también siguiendo los misterios divinos de Cristo somos insertados a la vida misionera de fe y amor recibiendo el bautismo por el agua junto a la luz redentora de Cristo simbolizada en el cirio pascual señal concreto de la gloria de Dios en la resurrección de Jesús.


El tiempo actual llamado de posmoderno ha puesto la humanidad en condición de muchas exigencias, el avance tecnológico inserta a las personas cada día en una nueva realidad, hoy la inteligencia artificial está imponiendo las leyes y normas de nuestras relaciones humanas y profesionales. 


En medio de eso, podemos traer como importante base de ánimo para la misión las palabras del papa Benedicto XVI en la carta a los seminaristas en el año de 2010 por cuenta de la celebración del año sacerdotal cuando dice: “Muchos piensan que el sacerdocio no es una ‘profesión’ del futuro, pero contrariamente a tales objeciones y opiniones, ustedes, queridos amigos, decidieron ingresar al seminario, encaminándose hacia el ministerio sacerdotal en la Iglesia Católica. Y acertaron, porque los hombres siempre tendrán necesidad de Dios, incluso en la era del predominio de la tecnología y la globalización”, traigamos ese bonito y necesario mensaje para el contexto misionero en general de la Iglesia de ahora donde está en medio a nuevas y peligrosas formulaciones de ideas políticas, sociales, culturales y religiosas que ponen el riesgo la vida y la dignidad humana y la existencia de toda la creación. 


Ampliemos ese mensaje no solo a los seminaristas o sacerdotes, pero a todos los hombres y mujeres que se dedican a la misión del discipulado a Jesús, los religiosos y religiosas que viven en la carne los desafíos del anuncio del evangelio y de la promoción del reino y también los socios laicos que inspirados en la fe caminan con nosotros en la misión.


El evangelio nunca se desactualiza porque es una verdad eterna que fundamenta la vida plena en la naturaleza del amor mutuo, y es exactamente por esta verdad y por este amor que nuestra misión encuentra su sentido y somos confortados en saber que como dijo el Papa Benedicto XVI “los hombres siempre tendrán necesidad de Dios”, nuestra misión de hombres y mujeres consagrados y consagradas y también laicos se define en este propósito sanar en la vida de las personas la necesidad de Dios. 


El papa Francisco nos recuerda en cierta ocasión que la misión es una respuesta de amor, y anunciar el evangelio nace del encuentro personal con Jesús al amor infinito que Dios nos da primero, así la misión viene de Dios y nosotros por medio de Jesús la asumimos también como nuestra.


Para eso se necesita que seamos transformados y moldados según los misterios de la encarnación de Cristo, traemos aquí la enseñanza de San José Freynademetz al decir: “La mayor tarea de un misionero es la transformación de sí mismo”, transformémonos de meros habitantes en el mundo para verdaderos testigos de la luz que hacen él Dios Uno y Trino reinar en nuestros corazones de misioneros y misioneras y también en los corazones de todas las personas para que la justicia y la paz del reino de Dios sea realmente concretizada y las heridas de la humanidad sanadas. 


Celebremos ese mes misionero con alegría y esperanza, como pueblo de Dios que vive unido a Cristo como enseña el apóstol Pablo a los Filipenses (2, 2), tengamos en mente que formamos una Iglesia sinodal que nos invita a la comunión, participación y misión. Si nuestra identidad misionera nos hace tener muchos rostros, al mismo tiempo tenemos un solo corazón y que el amor a Cristo el Verbo Divino nos impulse a estarnos enraizados en la Palabra que es fuente de luz y paz para todos los pueblos y naciones. 


Este mes también se celebra el santo rosario esta devoción muy especial de la fe católica, en la imagen de María la madre de Jesús se puede ver el esplendor de la entrega misionera a Dios, junto a nuestra  madre santísima elevemos nuestro espíritu de alegría en el Señor y pidamos que hágase en nosotros según la Palabra divina de liberación y salvación que se hizo carne y habitó en medio de nosotros. 


Sigamos por los caminos abiertos por nuestro primero misionero que reconoció que la vida en misión no es un sacrificio, pero sí una gran gracia concedida por Dios.

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